Mostrando las entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas

miércoles, febrero 24, 2010

Perfecta imperfección


Siempre he luchado contra los prejuicios (luchar sólo en forma personal, es un batalla inútil tratar de mejorar a los demás… o lo digo mejor, “parto por casa”) he tratado de ser consecuente, creo que lo logré de cierta forma; sin embargo, me he visto sola, nadie quiere realmente seguirme.

Son muchos los prejuicios algunos más dañinos que otros, pero todos focalizados en la apariencia, en quien luce lo más cercano posible a los estándares de belleza, es un asunto animal, lo sé, mientras menos civilizado el ser humano, más importa.

Hoy en día este asunto está tomando mayor relevancia en nuestro país (hay que reducir el segmento), porque aparte de ser un asunto de dinero, por el hecho de que tenemos mayor poder adquisitivo y con ello, fácil acceso a tratamientos de todo tipo y la tecnología con el fotoshop, facebook, etc. están también los medios de comunicación, con sus fútiles y frívolos programas de televisión. Cuesta aún más hacer comprender que la madurez emocional, la razón, lo espiritual, el intelecto, etc. son valores más importantes que el cómo lucimos. El culto al cuerpo parece ser el fin, el objetivo, la meta de superación para muchos, tratando de ganarse un espacio acomodado y fácil dentro de la sociedad. Si antes esta mecánica me fastidiaba sobre manera y era toda una rebelde tratando de demostrar cuán inútil y cortoplacista era la dinámica de tomar decisiones o dejarse llevar en base a la apariencia, hoy me doy cuanta que he perdido la batalla, estoy sola en esto, por lo menos dentro de mi circulo cercano, que si pudiera medirlo daría un radio de cientos de personas. Es decir, cientos de personas a la redonda no han logrado entender que el envase es banal y etéreo.

El raciocinio (para los que lo han madurado) nos dice que mientras más prolongado sea el tiempo en que el prójimo es capaz de hacernos sentir plenos, productivos y felices, mayor es el valor de es esa persona y el sentido de nuestras vidas y esto se traduce en que hemos hecho buenas elecciones en nuestra vida, y todas esas características, al momento de tomar decisiones, no las da la apariencia, sino que cuánto ha crecido, madurado y evolucionado esa persona.

Esta bien, entiendo que hay gente que no cumple con el patrón de belleza y que además es superficial o son personas malas, también entiendo que en el caso de obtener un puesto en el trabajo, es difícil medir cuánta madurez espiritual tiene una persona; sin embargo parece ser que la belleza física tiene el estatus de lo único y más importante.

Pero ¿saben? hay ciertos patrones que nos pueden llevar a captar cuánto ha trabajado una persona por lograr una apariencia lo más perfecta posible y si digo “trabajado” es realmente así, es un verdadero y arduo trabajo de perfeccionamiento físico. Lo que nos lleva a entender que no hay tiempo para perfeccionarse en otros ámbitos. Les pondré un ejemplo personal: un día una conocida mía me invitó a hacerme la manicure y pedicure porque necesitaba una modelo para una alumna. Parecía interesante, relajado y lo mejor, le hacía un favor y era gratis. Me citó en el salón a las dos de la tarde, llegué, me senté y comenzaron a ocuparse de mis manos y pies y comenzó el trabajo, al principio parecía agradable, había una buena temperatura y el sillón tipo camilla era bastante acogedor y los masajes a los dedos y el agüita eran relajantes, a la hora mantenía la misma posición y los dedos se me estaban acalambrando por tenerlos siempre separados, porque, no sólo eran masajes, sino que era instalación de uñas de acrílico con pintura en las manos y pintura con dibujos en los pies. A la hora y media estaba muy aburrida, los temas de conversación no se alejaban de los tipos de uñas de otras clientas que habían pasado por allí, de vidas privadas tipo telenovelas de otras conocidas (de ellas) y para peor, no podía capear la conversación leyendo porque aparte de tener las manos ocupadas, las revistas que habían trataban los mismos tópicos. Para resumir, el ritual tortuoso terminó a las seis y media, claro, las manos se me veían como nunca y mis pies para qué decir; pero a cambio estuve sumida en cuatro horas y media de vacío, de nada, ni siquiera lo podría llamar ocio, ya que el ocio es sano, aunque no lo crean el ocio es productivo, es cosa de analizarlo un poco, ocio en griego es scholé, que significa al mismo tiempo escuela, ocio e instrucción (les dejo la tarea de meditar acerca de esto).

Lo que quiero decir es que para ser bella no sólo hay que ver estrellas, sino que además de eso, no deja nada. Imaginen mi ejemplo en la peluquería, gimnasios, cirugías, implantes, botox, peeling, reducciones, solarium y cuanta cosa existe para lograr los estándares de belleza requeridos por otros. Todo este trabajo de culto a la apariencia, como dije antes, es arduo y requiere de mucho tiempo de dedicación, (diariamente para los más rigurosos), entonces, siguiendo este análisis, ¿cómo un hombre con treinta y tantos sin guata, con músculos, bronceado perfecto, bizos, etc. o a mujer de treinta y tantos con pechos firmes, pelo sedoso de color indefinido y bien peinado, manos y piel perfecta, cuerpo esculpido, etc. vamos a suponer, tenga tiempo de trabajar por una superación espiritual o intelectual si ni siquiera para el ocio tienen tiempo?. Es una deducción tan lógica, casi matemática.

Bueno, para terminar quisiera insistir en que en esto estoy sola, por lo menos en mi radio, ya que hay gente que ha meditado sobre lo que aquí dice y al igual que yo luchan para no caer en esta dinámica injusta y banal, lamentablemente son poquísimas y en su mayoría mujeres, sí, para los hombres parece ser una doble o triple tarea superarlo, en mi vida he conocido sólo a uno que buscaba crecer junto a personas que lo ayudaran en esta tarea “evolucionar”, lo recuerdo, era algo así como un John Lennon y él compartió su vida conmigo, su “Yoko”. Después de él todos los machos que he conocido se deslumbran aún con la apariencia… estoy vencida.

sábado, noviembre 22, 2008

Una expresión inmortal

"Escribir es un arte, un derecho, un don, un regalo de Dios. Escribir es penetrar en un mundo maravilloso en el que las palabras perduran hasta la eternidad. El escritor vence al tiempo, se vuelve inmortal al profesar su fe por esta religión. El ser humano es el único ser vivo capaz de escribir, y al hacerlo vierte sobre el papel sus emociones y sentimientos, sus miedos e ilusiones quedan latentes en un –hasta entonces- insignificante trozo de papel. Comparte parte de su alma con todo aquel que se digne a leer lo escrito.

El lenguaje escrito es una forma de interacción entre una persona que, en un determinado momento, se armó de valor para expresarse y todos aquellos lectores que, con la esperanza de encontrar respuestas, verse identificados con el escritor o saciar su sed de cultura descifran lo escrito empapándose de la magia del lenguaje."



Gracias a todos los que leen atentamente mis escritos, es fascinante y maravilloso el poder que este puede tener.


Ahora un poco de poder musical.

Un ¡Urra! para quienes capten la letra...

Change - Blind Melon

miércoles, mayo 03, 2006

Identidad pura

En la U cualquier calificación vale: que somos unos intelectuales inmaduros, individualistas, inconformistas, floreritos o como oí por ahí la más populacha y anarquista de todas. Como sea, muchos epítetos, buenos o malos según el punto de vista; pero innegablemente con una identidad propia, no por nada pertenecemos a una “República Independiente” ¿En qué otra hay más democracia que allí? nos damos permiso y provocamos reacción.

La vida universitaria ahí es particularmente distinta, no conozco una fraternidad tan especial y tan solidaria. Como aquel día que me junté a almorzar con una compañera vegetariana en el casino y fiel a su condición, dejó su trozo de carne y ahí estaban los que siempre rondan buscando almas caritativas que conviden almuerzo:
-¿te vai a comer todo?
-no
-¿me lo dai porfa?
-si, claro…
Resultado, alumnos y cocineros felices. “Acá nada se pierde”, dicen.

O tan empática, con sus características paredes vestidas de letreros en cartulina u hojas de cuaderno invitando a revolucionar algo, vendiendo anticonceptivos, carretes en el Roma, peña por aquí, peña por allá, cuadernos perdidos, un profe ausente, asambleas extraordinarias para capear clases y una infinidad de documentos y extractos de lecturas salidas de no se donde y cuya validez nadie se preocupa de investigar; pero allí están, información para cada necesidad. Ah, claro, sin contar los letreros de papel couché que nadie lee.

O tan impredecible como aquella vez en mi primer año, como buena mechona inexperta, averiguando cuanta función gratis se ofrecía, pendiente de películas en estreno, y constante visitadora de la hemeroteca, el lugar más piola de la U, para hacer las tareas a tiempo. Veo que una chica pasa módulo por módulo diciendo algo en silencio a otros mechones en las mismas, hasta que llegó a mi y distingo unas palabras: “hay cine…”.
¡Que bien el estreno de Fahrenheit 9/11!, pensé. Me tomé mi tiempo, terminé mi tarea. Un auxiliar que guardaba con apuro las sillas, me dice que qué hago ahí todavía, le digo que no me preocupaba porque sabía que la película comenzaba en media hora más…
-¿Qué película?
-la que va a dar, respondí
-¡Qué película ni que nada, tiene que puro irse que se tomaron la U!
-¿pero y la película?
-¿le dijeron que hay "sit-in"? Noooo, eso es que se la estaban tomando, ahora vea cómo sale de aquí, afuera está la cagá.
Salgo, la U desierta, no hay escapatoria, todo lleno de humo, me voy por unos pasillos y me detiene un grupo de grandes encapuchados (no recordaba alumnos tan altos… ¿?)
-¿qué haces acá?
-busco la salida
-estamos cercados, no puedes salir.
Me devolví, pensando que la salida por atrás era la mejor y me encuentro con un panorama más confuso aún, desorientada corro con un grupo de encapuchados hacia un lugar seguro, luego para otro, hasta terminar en una calle que jamás había visitado, sin poder respirar, sin enfoque alguno y llorando a mares, no de susto, el gas lacrimógeno se me había incrustado en la piel y lo peor de todo ¡A CARA DESCUBIERTA! De esa logré escapar, pero mi susto empezó de noche, con disimulo junto a mi familia vi las noticias locales cruzando los dedos de no aparecer. Bueno, mantuve mi bajo perfil, no aparecí, pero gracias a eso descubrí que la U tiene sorpresas y que llevar pasamontañas es indispensable.

Cuántas cosas más he dejado en el tintero, esto es un esbozo del acontecer en mi escuela, una Universidad humanista sin más recursos que un plumón y pizarra, donde clones de Malenita y el Moco Soto* recorren los pasillos en busca de la sala de turno, donde el escudo debería llevar un honorable perrito callejero y un guanaco. ¡Esa es mi U!


Dedicado a los eternos inconformistas que ayudan a fortalecer su identidad, a todos ellos, muchas gracias.



*Véase Chancho Cero